Frases de Shakespeare (1564-1616)

La vida es un cuento narrado por un idiota, lleno de sonido y furia que nada significa.
La prosperidad es el más seguro lazo de amor.
En las cosas humanas hay una marea que si se toma a tiempo conduce a la fortuna; para quien la deja pasar, el viaje de la vida se pierde en bajíos y desdichas.
Tan imposible es avivar la lumbre con nieve, como apagar el fuego del amor con palabras.
Si no recuerdas la más ligera locura en que el amor te hizo caer, no has amado.
Asume una virtud si no la tienes.
Hasta en la muerte de un pajarillo interviene una providencia irresistible.
Ser o no ser, esta es la cuestión.
Comprarla a cambio de demasiadas preocupaciones es perder la vida.
Amor no sigue la fugaz corriente de la edad, que deshace los colores de los floridos labios y mejillas.
El que gusta de ser adulado es digno del adulador.
En un minuto hay muchos días.
Excelente cosa es tener la fuerza de un gigante, pero usar de ella como un gigante es propio de un tirano.
Miserable es el amor que puede ser remedio.
El tejido de nuestra vida está hecho con un tejido mixto, bueno y malo.
Si el dinero va por delante, todos los caminos están abiertos.
La vida es como un cuento relatado por un idiota; un cuento lleno de palabrería y frenesí, que no tiene ningún sentido.
El traje denota muchas veces al hombre.
¡Oh amor poderoso¡ Que a veces hace de una bestia un hombre, y otras, de un hombre una bestia.
El pasado es un prólogo.
Los viejos desconfían de la juventud porque han sido jóvenes.
Malgasté el tiempo. Ahora el tiempo me malgasta a mi.
Dueños de sus destinos son los hombres. La culpa, querido Bruto, no está en las estrellas, sino en nuestros vicios.
De lo que tengo miedo es de tu miedo.
Oír con los ojos es una de las agudezas del amor.
En nuestros locos intentos, renunciamos a lo que somos por lo que esperamos ser.
Hay sonrisas que hieren como puñales.
El amor de los jóvenes en verdad no está en su corazón, sino más bien es sus ojos.
Anunciad con cien lenguas el mensaje agradable; pero dejad que las malas noticias se revelen por sí solas.




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