Proverbios japoneses

Si acumulas mucho polvo puedes crear una montaña.
Puedes aplastar a una persona con el peso de tu lengua.
Al clavo salido le toca siempre el martillazo.
Con la primera copa el hombre bebé vino; con la segunda el vino bebé vino, y con la tercera, el vino bebé al hombre.
Un barco que tiene 100 marinos, puede subir a una montaña.
Cuando envejezcas haz lo que te digan tus hijos.
Se aprende poco con la victoria, en cambio, mucho con la derrota.
Con leña prometida no se calienta la casa.
El tiempo que pasa uno riendo es tiempo que pasa con los dioses.
Los trapos sucios se lavan en casa. Tapar lo que apesta.
Los hijos vienen con un pan bajo el brazo. La única riqueza de un pobre honesto es tener muchos hijos.
Con uno solo de sus cabellos una mujer puede arrastrar un elefante.
Cuando un hombre pobre come pollo, o él o el pollo están enfermos.
Tener cuidado ante lo inesperado. Robarle a uno la olla en noche de luna.
La oscuridad reina a los pies del faro.
Hombre precavido vale por dos. El descuido es un gran enemigo.
Piensa mucho, habla poco, escribe menos.
Si no entras en la madriguera del tigre, no puedes coger sus cachorros.
Encontrarse es el comienzo de la separación.
Lo más tierno en este mundo, domina y vence a lo más duro.
Los ladrones tendrán tiempo para descansar; los vigilantes jamás.
Estudiando lo pasado, se aprende lo nuevo.
No digas: es imposible. Di: no lo he hecho todavía.




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