Frases de Miguel de Cervantes (1547-1616)

No ames lo que eres, sino lo que puedes llegar a ser.
¡Oh, memoria, enemiga mortal de mi descanso!
La senda de la virtud es muy estrecha y el camino del vicio, ancho y espacioso.
¿Qué locura o que desatino me lleva a contar las ajenas faltas, teniendo tanto que decir de las mias?
El amor es invisible y entra y sale por donde quiere, sin que nadie le pida cuenta de sus hechos.
Cada uno es como Dios le hizo, y aún peor muchas veces.
¡Amor, ayuda al deseo, puesto que me pusiste en él!
El que lee mucho y anda mucho, ve mucho y sabe mucho.
Encomiéndate a Dios de todo corazón, que muchas veces suele llover sus misericordias en el tiempo que están más secas las esperanzas.
El año que es abundante de poesía, suele serlo de hambre.
¡Venturoso aquel a quien el cielo dio un pedazo de pan, sin que le quede obligación de agradecérselo a otro que al mismo cielo!
Al bien hacer jamás le falta premio.
¡Cómo sabe el cielo sacar de las mayores adversidades nuestros mayores provechos!
Amor y deseo son dos cosas diferentes; que no todo lo que se ama se desea, ni todo lo que se desea se ama.
Contra el callar no hay castigo ni respuesta.
No hay carga más pesada que una mujer liviana.
Come poco y cena menos, que la salud de todo el cuerpo se fragua en la oficina del estómago.
Como no estás experimentado en las cosas del mundo, todas las cosas que tienen algo de dificultad te parecen imposibles.
Cuando una puerta se cierra, otra se abre.
Las honestas palabras nos dan un claro indicio de la honestidad del que las pronuncia o las escribe.
Quien canta, sus males espanta.




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